20 de diciembre de 2012

Días en Gris y Amarillo



Era un día frío, nublado, gris… pero así eran casi todos los días de otoño en esa parte del país. Tenía la tarde libre y aprovechando que no llovía, decidió pasear por el parque, con el suelo repleto de hojas amarillas que delataban la estación en la que estaban… caminaba abstraída, pensando en mil y una cosas cuando la vibración de su smartphone anunciando un mensaje de WhatsApp la sacó de sus cavilaciones. 

-“Hola nena, dónde estás?

Su boca dibujó una sonrisa y un brillo apareció en sus ojos, ese brillo de malicia que aparecía cada vez que Mario le decía hasta las más mínima de las tonterías. 

-“Paseando por el parque, vienes?”- Le contestó inmediatamente. 

-“Uhmm mejor te espero en mi casa y vienes a echarme un polvo como tú sólo sabes, nena” -Sonrió. No hacía falta contestar.

Mario y ella eran amigos desde hacía ya cinco años, se conocieron por casualidad y entre ellos surgió al momento una conexión especial, se reían de las mismas tonterías, se entendían con tan sólo una palabra o una mirada, y él, era el único capaz de sacarle una sonrisa hasta estando de mal humor. Un día, en una fiesta y dejándose llevar por la valentía de algún chupito que otro de más, acabaron montándoselo en el asiento trasero del BMW de su padre; hacerlo con él había sido alucinante, podría arriesgarse a decir que el mejor polvo de su vida pero aún así al día siguiente no podía evitar sentirse fatal. El miedo a perderle o  a echar por la borda toda la complicidad que había entre ellos la atormentaba;  hasta que él, mucho más práctico que ella, la tranquilizo convenciéndola de que todo sería como siempre, incluso mejor, ahora  tendrían alguien con quien disfrutar del sexo sin complicaciones, sin sentimientos enrevesados, ni celos, ni posesiones… y encima era sexo del bueno. Se seguirían queriendo con locura, follarían como animales, y se apoyarían en los buenos y en los malos momentos como habían hecho hasta ahora…

Decidió atravesar  el parque para ir a casa de Mario, tenía que andar un poco más pero total ya llevaba medio camino recorrido y seguía apeteciéndole pasear. Sólo había caminado unos cuantos metros  cuando comenzó a llover, al principio era una lluvia fina, “mojabobos”, pero luego empezó a caer con más intensidad. Llegó a casa de su amigo calada hasta los huesos, temblando de frío y sin aliento debido al paso acelerado que había tenido que llevar.

-“Nena, vienes empapada,  vas a coger una pulmonía…” - Exclamó Mario al verla llegar – “aunque así mojada, estas tremendamente sexy” – Ronroneo guiñándole un ojo y acercándose por detrás, mientras hundía la boca en su cuello y le arrancaba los botones de la camisa.

-“Qué te pasa hoy Mario?… no me digas que te aburrías en el trabajo,  has estado toda la mañana viendo porno, y ahora tengo yo que quitarte el calentón” –Le dijo con tono de burla mientras echaba las manos hacia atrás para tocarle el paquete por encima del pantalón – “Déjame darme una ducha para entrar en calor cielo, realmente voy a coger una pulmonía, asco de lluvia!” 

-“Shhh, nena, no digas nada, yo sé mejor que nadie lo que tú necesitas, déjame cuidarte” – continuó diciendo Mario sin hacer caso a sus burlas. Y depositando un beso lleno de ternura en su pelo siguió despojándola de toda la ropa empapada por la lluvia, mientras cubría con sus labios cada milímetro de piel mojada y fría.

Una vez desnuda la cogió en brazos y se dirigió al cuarto de baño, la metió en la bañera, abrió el grifo del agua caliente y se sentó en el borde. Poco a poco fue enjabonando suavemente su cuerpo, se detuvo unos minutos en sus pechos, recorriéndolos primero con sus dedos, y luego con la palma de la mano, le dio un pellizco intenso, casi doloroso, en los pezones erectos,  antes por el frío y ahora por la excitación.  Bajó por su abdomen, jugueteo con el vello de su pubis, masajeó su sexo y lentamente fue introduciendo el dedo índice en su interior, mientras con el pulgar acariciaba su clítoris, cada vez más duro y sensible.  Ella se dejaba hacer entre gemidos, aparte de las caricias de su amigo, aquella era una situación de lo más excitante, y él estaba tremendamente sexy: descalzo, con su vaquero desgastado, y el torso al descubierto. La miraba con ojos de deseo, sonreía pícaramente y seguía moviendo los dedos en su interior; el agua caliente le caía en la cara y sentía que iba a explotar…

-“Así es nena, córrete para mí” – Dijo Mario en voz queda. 

Y ella se dejó llevar hacia un orgasmo largo y placentero. 


-“Y ahora nena, vamos a follar” – Sentenció levantándose de repente mientras guiñaba un ojo y sacaba la lengua, haciendo que ella comenzará a reír sin parar.

-“No tienes arreglo” – Le contestó, mientras le salpicaba con el agua de la bañera.

-“Uhmmm nena, no te portes mal… que hoy tengo muchas ganas de jugar” 

-“Mario no me digas eso, parece mentira que no me conozcas” – y continuó riendo y salpicándole cada vez más.

Mario se acercó, la sacó en volandas de la bañera, la colgó de su hombro dándole un azote en el trasero y con un intento de voz seria dijo -“Tú lo has querido nena” – Ella siguió riendo mientras pataleaba cabeza abajo. Le encantaba el Mario juguetón, siempre la sorprendía con algo nuevo y todo apuntaba a que esta vez no iba a ser distinto.

Llegaron a la habitación, y pudo notar rápidamente el olor a mandarina, así como que la habitación sólo estaba iluminada por un par de velas encendidas sobre las mesitas de noche, supuso que tendrían relación, pero no podía asegurarlo, decididamente no estaba en la posición más adecuada para fijarse en los detalles.  Él la deposito suavemente sobre la cama. -“Túmbate boca abajo, Ali”- le dijo mientras sacaba un largo pañuelo de raso negro del cajón -“ahora, como has sido una niña mala te voy a tener que atar…”-Ella le miró con los ojos muy abiertos, abrió la boca para decir algo, pero él se lo impidió -“shhh, no digas nada, tú confías en mí, verdad?”- Ella asintió con la cabeza y de nuevo se dejo llevar.

Mario sujetó sus muñecas a los extremos de la cama con delicadeza y allí se vio a sí misma, tumbada boca abajo, desnuda, y para qué negarlo, muy excitada por la situación. Todavía no se había recuperado del orgasmo en la bañera y encontrarse en ese estado la hacía sentirse indefensa pero sabía que podía confiar en él más que en nadie en la vida, cerró los ojos y se abandonó.


De repente sintió un liquido caliente recorrerle la espalda, y todo se impregnó del olor dulzón a mandarina, era agradable sentir como bajaba desde la nuca por toda la columna vertebral. Entonces sintió como las manos de Mario comenzaban a acariciarla de una forma muy sensual, esas manos que le gustaban tanto, grandes, fuertes pero a la vez suaves, con dedos largos y bien formados que sabían muy bien donde, como y cuando debían tocar. 

De nuevo sintió el calor derramándose en su cuerpo, esta vez sobre los glúteos, cayendo lentamente hacia el interior de los muslos y las expertas manos de Mario, ahí estaban masajeándole el culo y las piernas firmemente. -“Que piel más suave tienes Ali, me encanta”- le susurró acercándose a su oído mientras las manos extendían el aceite un poco más allá y se adentraban en busca de su sexo. Ella sólo pudo ronronear.

Allí estaban, como minutos antes habían estado en la bañera, con sus hábiles dedos otra vez dentro de ella, otra vez arrancándole gemidos y conduciéndola hacia el orgasmo, pero esta vez quería más, necesitaba más, así que  levanto un poco las caderas para poder sentirlo más profundamente, para indicarle una señal… -“Shhh, con calma nena, todo llegará”-le dijo él retirando la mano al momento. -“Mario, quiero sentirte…”-replicó con un quejido ahogado. -“Lo harás cielo, lo harás”-y pudo ver sin mirarle esa sonrisa de seductor nato que ponía cuando sabía bien lo que hacía.

Pudo escuchar sus pasos alejarse por el pasillo, continuaba atada, su campo de visión estaba bastante limitado y se moría de la impaciencia por saber que pasaba, estaba tremendamente excitada y era frustrante no poder ni aliviarse con sus propias manos.

 -“Mario, vas a dejarme así mucho rato?”-gritó –“Necesito que vengas aquí y me la metas ahora mismo, o si no voy a tener que gritar y gritar hasta que suba tu vecino”-bromeó. 

Al instante, Mario se materializó apoyado en el umbral de la puerta, riendo, -“De verás serías capaz, nena?, No creo que lo que él pueda darte, te guste tanto como lo que te doy yo” -dijo acercándose  -“además, Ali, es muy mayor, no creo ni que se le levante”.

Ali giró la cabeza todo lo que pudo para conseguir verle pero Mario ya estaba detrás de ella, con las manos recorriendo de nuevo sus muslos, esta vez con ansía, con desesperación, encaminándose hacia su sexo húmedo y palpitante, -“Oh, nena, sigues toda mojada”-exclamó al introducirle los dedos índice y corazón -“ni yo mismo puedo esperar más”-gruñó mientras se desabrochaba el pantalón. 

La agarró por las caderas, atrayéndola hacia él y con furia la penetró. Ella soltó un grito debido a lo inesperado del momento mientras levantaba su culito respingón para sentirle más profundo. Con una de las embestidas él se quedo dentro, agarró su pelo en una coleta obligándola a echar la cabeza hacia atrás y comenzó a mover sus caderas lentamente, en círculos, mientras los dos gemían al unísono. -“No puedo más, Mario, desátame, por favor, necesito tocarte, necesito mirarte a los ojos”  - le suplicó entre gemidos. -“No quiero salir de aquí pero está bien, lo haré”-le contestó mientras salía despacio de su interior para desatarla.

Ya liberada se colgó de su cuello, buscando su boca con impaciencia, mordiéndole en los labios, arañándole la nuca, deseándole como nunca antes lo había deseado. Él la abrazó con fuerza, a la vez que se abría paso de nuevo entre sus piernas;  esta vez  se introdujo en ella lentamente,  sin prisa, Ali levantó las rodillas hasta apoyarlas en su pecho y así, en una maraña de cuerpos desnudos, juntos llegaron al clímax.



-“Woow Mario, no se que has estado enredado, pero debes seguir haciéndolo y contando conmigo para practicarlo”

–“Eso siempre, nena, ya lo sabes… o quizá… prefieras que llame al vecino del cuarto” 

Y desnudos, sudorosos y todavía jadeantes, estallaron en risas y carcajadas.










(Aportación al "Juego de Otoño"  de Paty C. Marín en su blog "Cuentos Íntimos")








4 comentarios:

arkaitz dijo...

No me hubiera importado ser Mario, es más, me he sentido identificado. jaja. Pareja libre, amor libre, sexo libre.
Buen relato, muy bueno.

Besos!

Paty C. Marin dijo...

Muchas gracias por participar en el Juego ^-^

Me paso a saludarte y en cuanto pueda echarle una lectura, te comento mis impresiones. Pero sobre todo, decirte que muchísimas gracias por entrar en el juego.

Besos!! :3

Mariposas de Chocolate dijo...

Llegue a tu blog a raíz de un comentario que dejaste en el mio. Y la verdad me ha encandilado,enhorabuena tienes el don de trasmitir con la escritura.

Ikana dijo...

Interesante. Me gusta leer nuevos relatos de gente que no conozco :P Quizá el encuentro se desarrolla muy deprisa para mi gusto pero está bien escrito y mola mucho ^-^

Espero que su relación no se rompa ni se estropee :P

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